jueves, 21 de junio de 2007

El submarinista carbonizado



Recogemos una de las múltiples versiones de este clásico de las leyendas urbanas que ya empezó a circular mucho antes del nacimiento de Internet. En este caso, una historia que debió nacer como un acertijo de lógica se convirtió rápidamente en un best-seller de lo truculento. En el correo que nos llegó se cita incluso una fecha y un diario dónde se publicó la noticia, ambos datos falsos, pero añaden ese toque de verosimilitud tan apreciado en las leyendas.

Es importante destacar que hemos corregido en el texto las faltas de ortografía, pero que la sintaxis es la original; así puede apreciarse con más claridad que se trata de una mala traducción del inglés.

Texto original:

Las autoridades de los bomberos en California encontraron un cadáver en una parte totalmente quemada de un bosque, mientras evaluaban los daños causados por un incendio forestal. Los restos eran los de un hombre vestido con un traje completo de buceo (wet suit), los tanques de oxigeno en la espalda, las aletas, y la máscara de buceo. La necropsia revelo que no había muerto a causa de las quemaduras, sino por graves lesiones internas. Los registros dentales brindaron una identificación positiva. Los investigadores se abocaron a determinar cómo, un buceador totalmente equipado, había ido a dar en medio de un incendio forestal. Se estableció que, el día del incendio, esa persona había viajado a bucear a un lugar a unos cuarenta kilómetros del bosque incendiado.

Los bomberos, buscando controlar el fuego tan rápidamente como fuera posible, llamaron a una flota de helicópteros con unos enormes recipientes para transportar agua. El agua tuvieron que sacarla del mar y trasladarla al incendio forestal, y vaciar los recipientes. ¿Adivinaron que pasó?

Un instante, nuestro buceador estaba como el delfín Flipper en medio del Pacífico y al siguiente, estaba nadando con estilo pecho en un enorme recipiente, a cien metros del suelo. Aparentemente, logró apagar exactamente 1.70 metros del fuego.

Ciertamente que hay días que es mejor no levantarse de la cama.

Este artículo se tomó del diario California Examiner, del 20 de Marzo de 1998.

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