domingo, 25 de abril de 2010

El Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga

Mientras realizaba una entrevista para el programa Los dos de la tarde de de Canal Extremadura Radio en relación a las cibertrolas que publico en mi blog, sus presentadores, José Carlos Macías y José Parras Canuto, me preguntaron si conocía la historia de la orden de las monjas "pajilleras" que se dedicaban a aliviar, manualmente, las necesidades sexuales de los soldados durante la contienda carlista. Hasta ese momento no había oído hablar de semejante ocupación y decidí investigar tan curiosa noticia. Mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que el relato estaba ampliamente difundido por la Red.
He encontrado varias versiones de esta leyenda: unas más breves y otras más extensas, pero todas iguales en su comienzo. Sobre un texto base se han ido añadiendo derivaciones y ampliaciones a la idea original, a gusto de los receptores del mensaje. En este artículo incluyo la versión más completa que he encontrado hasta el momento.
En el fondo todo esto no es más que una inocentada tal y como comenta el diario El mundo en un artículo del 28 de diciembre de 2009, donde apunta al origen de esta cibertrola: la página mexicana Marcianos, donde el autor, Hery Emmanuel, especifica en su texto del 8 de mayo de 2009:
Aclaro que este es solo un articulo de entretenimiento no encontre evidencia que sustente la existencia de estas peculiares damas.
No puedo ocultar mi satisfacción al poder certificar con precisión, y esto ocurre en muy pocos casos, la autoría de una cibertrola con una gran difusión.


Texto original


En diciembre de 1840, se autorizaba la creación (merced a una especialísima dispensa del Obispo de Andalucía) del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga.
Las pajilleras de caridad (como se las empezó a denominar en toda la península) eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española.
La autora de tan peculiar idea, había sido la Hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospicio. Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó junto a algunas hermanas a “pajillear” a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su “pajilla” diaria. Los resultados fueron inmediatos.
El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aún cuando en muchos casos, hubiesen militado en bandos opuestos.
Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.
El gran éxito del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga hizo que proliferaran no sólo en España (el Cuerpo de Palilleras de La Reina, Las Pajilleras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y las Pajilleras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República), sino también en América latina donde las pajilleras tuvieron trabajo durante la guerra civil mexicana.
Grupos como las Hermanas de la Consolación (organización laica de creencias religiosas) ayudaron a los combatienes mejicanos que recibian consuelo desde las manos de tan dedicadas y delicadas Hermanas, hecho que llevo a ser conocidas como las mami-chingonas o las ordeñamecos.
De México la costumbre pasó a las Antillas, en donde tuvieron particular éxito las “sobagüevo” dominicanas, sexagenarias que dedicaban sus tardes en esta peculiar forma de servicio social.
El último lugar en América donde hicieron fortuna estas abnegadas damas, fue el Brasil. Allí la columna Prestes fue acompañada en su marcha por una trouppe reducida pero eficiente de damitas paulistas –llamadas beixapau- que acaban con la pena de los soldados con sus movimientos de manos.
La costumbre desapareció tras la segunda guerra y hasta la fecha se desconoce la existencia de otras congregaciones.
Diversas fuentes orales a orillas del Paraná comentan que en el villa conocida en el siglo XIX como Pago de los Arroyos hubo un pequeño agrupamiento dedicado durante algunas décadas a esta actividad. Eran conocidas como las “Hijas de Nuestra Señora del Vergo Encarnado”, en referencia y dudoso homenaje póstumo a su anciana fundadora, fallecida con las manos en la masa, junto a un soldado, en su día de descanso.

4 comentarios:

  1. Pues si no existió, habría que crearlo cuanto antes. Yo si me creo que existió.... y existe camuflado.

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  2. Existen,pero sólo para una sociedad secreta a finales del siglo XIX se enlazo alguna de sus ramas con otra sociedad,la masonería ,y muchos de sus miembros siguen aun en las dos sociedades. Pajilleras de Cristo se llaman ,no confundir con soldados de cristo ,de escriba de balager , aunque no se yo..........

    Ewok de Spalumi

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  3. Pues anda que no conozco yo pajilleras, como para aventurar que no existen.

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  4. Claro que existen, te lo juro. Que se muera el Papa ahora mismo si no es cierto....

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